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Repudio a la homofobia y discriminación religiosa

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San Luis, 23 de Junio de 2010

Repudio a la homofobia y discriminación religiosa

Vergüenza. Es la única palabra que podemos sentir realmente con los hechos ocurridos el pasado sábado en el centro de la ciudad de San Luis. Bajo el lema de la defensa de la familia, la Iglesia Católica y el Templo Evangélico marcharon en pro de "una mama mujer y un papa varón". La homofobia y la discriminación que subyacían en la reunión posterior frente a la catedral puntana, era transparente y no tenía necesidad de ocultarse, entre amigos y amigas heterosexuales, que promulgaban la defensa de una "familia normal", inexistente desde los orígenes de la palabra. El Trinomio Padre-Madre-Hijos, no solo atenta contra las familias separadas legalmente, contra los hijos adoptados por parejas del mismo sexo, atenta contra toda veracidad real, y contra toda noción de sentido común.

La Iglesia y su cumulo de creencias dogmáticas pretenden introducirse dentro de los recintos democráticos, como la Legislatura. En este caso debemos dividir las aguas así como Moisés "dividió el mar muerto para liberar a su pueblo"; debemos desmitificar no solo el matrimonio como rito social contemporáneo, ya que al ser en la actualidad una herramienta legal, manejada por el estado, las instituciones religiosas no tienen incidencia en la misma. El matrimonio, máximo contrato legal entre dos personas con sentimientos mutuos, no puede ser negado a ninguna ciudadana y ciudadano de un estado democrático. Es esencial que se comprenda que este tema va mas allá de las creencias, validas por supuesto, que cada persona tenga; la religión no tiene incidencia ni decisión, en las normas jurídicas que un estado plural, y diverso decida. Los distintos templos de religión, oración y creencia tienen sus espacios para difundir sus ideas, muy distinto es atentar de manera explícita contra la necesidad, de homosexuales, lesbianas, transexuales, bisexuales y transgenero, de gozar de derechos legales y jurídicos que son garantizados solo por el hecho de ser seres Humanos, personas que aportan día a día, con su accionar diario a este estado que nos pertenece a todas y a todos.

El matrimonio entre personas del mismo sexo, es solo un paso para la pluralidad de ideas, para la igualdad de condiciones, de posibilidades. Llegar a este punto, es la construcción de lo diverso, producto de décadas de movilizaciones sociales. La igualdad de derechos y obligaciones es la aproximación necesaria para romper con estructuras sociales-jurídicas añejas y prejuiciosas.

Para aquellos y aquellas ignorantes que plantean que la homosexualidad es una enfermedad, un mal curable a través de un tratamiento psiquiátrico, deberíamos contestarle que es la homofobia la que se cura con un tratamiento psicológico. El pensamiento retrogrado y segregador que se agita alrededor de el tratamiento del proyecto de ley, para que personas del mismo sexo puedan acceder a sus derechos, se manejo en el más bajo de los niveles de pensamiento y reflexión, se manifestó una opinión infundada, prejuicios ancestrales, que superan tanto a la religión como al sentido común. Y cuál es la respuesta que reciben estos actores y actrices que implícitamente discriminan: respeto, eso es lo que contesta la comunidad homosexual. Respetan sin ser respetados en su integridad mas intima.

Ellos y ellas pelean por tener los mismos derechos que el sistema heteronormativo, machista y patriarcal les niega. Si hoy debemos aprender algo de lo que se produjo en la provincia de San Luis, es que aquellos y aquellas que se sintieron ofendidos y ofendidas, porque se les niegan sus derechos en un estado democrático, decidieron manifestarse desde lo más humilde, respetando las creencias, respetando hasta el prejuicio social que en ellos y ellas cae, por desconocimiento, por no poder develar una estructura opresora.

Esto no es una batalla, como se la quiere hacer ver, entre lo "normal" y lo "anormal", entre lo heterosexual y lo homosexual, esto se trata de dignidad humana, se trata de dejar que los y las demás puedan reconocerse a sí mismos como ciudadanos y ciudadanas de un estado, un estado que los discrimina, por no entrar dentro del parámetro establecido por la creencia dogmática, por la segregación genérica, por la discriminación sexual. Va más allá de una cuestión valorativa o del miedo a lo diferente, esta es una cuestión básica.

Así como la Iglesia, las ciudadanas y los ciudadanos que convierten en gesto su creencia, la comunidad homosexual eligió respetarlos, porque ellos y ellas comprenden a los otros y a las otras como sujetos diferentes, no los discriminan, no los injurian, ni les niegan sus derechos. El reconocimiento de la diferencia, y la construcción de todas y todos en la diferencia es esencial en una sociedad diversificada. Cuando todos y todas nos reconozcamos como iguales, cuando el estado deje de legislar para la mayoría, y logremos que de la segregación social pasemos a la construcción desde la diferencia, no necesitaremos comenzar un escrito con la palabra Vergüenza.

 

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